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Sobre el mail "cacerolazo a los piqueteros"

Por Enzo Vicentín

     Hace un par de semanas recibí el siguiente correo electrónico:

Asunto: UN CACEROLAZO A LOS PIQUETEROS

Yo pago todos los impuestos que los políticos me cobran. Todos. Todo lo que tengo lo gané con mi laburo: mi casa, mi auto, mi ropa, los juguetes de mis hijos. Nunca cobré un mango del estado. Siempre cumplí con cada imposición que me hicieron.

Me agarraron con los Bonex, me agarraron con el corralito, me reventaron con la pesificación. Me hicieron pelota cuando saquearon las cajas de jubilación del Estado, y me volvieron a hacer pelota las AFJP que se timbraron mi guita apostándola a bonos para financiar el gasto público. Me prometieron la reforma política, y todo sigue igual, con miles y miles de diputados, senadores, asesores y avivados en general cobrando fortunas. Me prometieron que todos se iban y todos se quedaron. Apenas le cambiaron la etiqueta al mismo envase.

Ahora, mientras los jubilados cobran $150, y los docentes universitarios en promedio cobran menos de $100, los políticos pagan su tropa con planes Jefes y Jefas de Hogar, regalando $150 a "desocupados" que además cobraron $50 de aguinaldo. Ahora quieren pasajes gratis para la convención de piqueteros que se realizara en Mar del Plata, ¿después que?

Además les van a dar una TARJETA MAGNETICA con la cual podrán viajar en Subte a $ 0,20 (cuando el resto que laburamos todo el día por $300 pesos al mes, tenemos que pagar a razón de $ 0,70 el viaje). Los piqueteros consiguen todo lo que piden, y siguen cortando calles, puentes, con piquetes todos los días, todas las semanas. ¿Que más quieren?

¿Cuándo nos van a escuchar a todos los demás? Hagamos que por un rato, nos escuchen. Hagamos un piquete a los piquetes.

EL 25 DE FEBRERO A LAS 20:00 HS., CON CACEROLAZO, APAGÓN, BOCINAZOS O EXPRÉSATE COMO QUIERAS PERO SIN VIOLENCIA. PIDAMOS QUE ESCUCHEN A LOS MAS IGNORADOS DEL PAÍS: LOS GILES COMO VOS Y COMO YO.

Si de veras querés un país en serio, retransmití este mail a otros "giles" que pagan impuestos, viven de su laburo y se bancan a los piqueteros todos los días.

     Luego de leer el correo electrónico, me pregunté si realmente valía la pena discutir con las personas que lo enviaron (y reenviaron) hasta que llegó hasta mi casilla. Lo pensé bastante. Desde una posición anticapitalista, uno trata de discutir con personas que son parte de sectores que defienden al sistema, siempre y cuando pueda hacerlo en un marco mínimo de entendimiento y respeto. Hay sectores de la sociedad alineados en el "fundamentalismo de mercado" con los cuales polemizar se hace más que difícil. Hay otros, que a esa defensa con uñas y dientes del sistema capitalista le suman su antipatía por la democracia y ven casi con nostalgia los tiempos de las dictaduras: definitivamente con esa gente no se puede discutir, ya que la única lógica que manejan es la de los palos y no salen de ahí. Tratar de discutir con esos grupos es perder el tiempo. Volviendo atrás, después de leer el correo electrónico no me pareció que su contenido viniera justamente de sectores que plantean la discusión con mala intención, con "mala leche" como se dice en la calle. Por el contrario, supongo que ese mail ha circulado entre mucha gente de clase media porque de verdad piensan en esos términos y lo hacen sin mala intención. Me decidí entonces a responder a los argumentos que la carta-convocatoria expone teniendo presente que, aunque no los comparta y los considere totalmente errados, los considero respetables desde un mínimo marco de entendimiento que permita el debate.

     En realidad no es necesario discutir con todo el contenido de la carta. Viendo el comienzo y las primeras reflexiones uno no puede más que asentir con la cabeza ante semejante enumeración de fraudes y robos estatales y empresariales cuya víctima ha sido la clase media argentina. La seguidilla es sencillamente escandalosa: los Bonex, las AFJP, el corralito, etc., etc. No por casualidad todos los robos enumerados refieren a dinero, depositado en un banco o aportado al sistema privado de jubilación, digo que no es casualidad porque la clase media argentina guarda bien en su memoria los momentos en que le metieron la mano en el bolsillo rompiendo con sus esperanzas de ascenso social o de "un futuro mejor". De la misma manera en que olvida otros sucesos sin dinero de por medio que han sido igual de humillantes para la sociedad.

     Siguiendo con el contenido de la carta, coincido con la idea de que los jubilados y los trabajadores de la educación (vale decir los trabajadores estatales en general) cobran monedas. Y que laburar por $ 300 al mes también es recibir monedas por un trabajo que en realidad vale mucho más. Recordando los niveles de las jubilaciones hoy en día, pertenecientes al sistema de reparto estatal, no quiero imaginarme el futuro de los trabajadores que depositaron durante 6 años en el sistema privado (las AFJP) hasta la devaluación, o que incluso hoy lo siguen haciendo, para recibir en promedio menos dinero que los magros 150 pesos de los jubilados actuales. Quienes robaron los aportes de los trabajadores durante todo este tiempo no fueron otros más que empresarios capitalistas que usaron la plata recaudada para apostarla y ganar más plata en el mundo financiero, al cual la denominación de "timba" en algunos casos le encaja perfecto.

     También es cierto que el manejo del aparato preferentemente justicialista (lo cual no exime a los demás partidos, que cuando gobiernan hacen lo mismo) sobre los planes Jefes y Jefas de Hogar es totalmente corrupto, y que los beneficiarios de dichos planes funcionan muchas veces como "tropas" de los punteros desparramados en todos los barrios. Me acuerdo de la campaña para las últimas elecciones presidenciales, donde Kirchner recorría el país hablando en estadios llenos (a veces más bien vacíos) de "tropas" de los punteros del PJ. O cuando Menem cerró su campaña en el estadio de River ante miles de integrantes de las "tropas" que el manejo punteril recluta especulando con el hambre y la necesidad.

     Ahora, donde la carta gira hacia la crítica al sector piquetero es donde creo que pierde la línea del análisis que venía mantenido. Los desocupados que reciben el plan Jefes son desocupados, de eso no hay duda. Si fue pensado como una especie de seguro de desempleo, entonces los que los reciben son desempleados. Salvo para el Gobierno, que ha creado programas con la excusa de "recrear la cultura del trabajo" para emplearlos al menos 4 horas por día y así bajar el índice de desocupación del 22% real al 15% ficticio. Hablando del tema, sería correcto que el Gobierno otorgue seguros de desempleo al 15 % de desocupados que no lo recibe, ¿no? ¿Acaso uno de los objetivos del actual gobierno nacional no es "acabar con la exclusión y la pobreza"? Entonces que demuestre que quiere hacerlo, aunque es realmente difícil que un gobierno que ha continuado la política económica que favorece a los exportadores y que a la vez vuelve a garantizarle réditos millonarios a las inversiones internacionales (caso Repsol-YPF, caso Telefónica de Argentina) pueda dar empleo o seguros de desempleo a la masa desocupada. El continuismo económico del actual gobierno no representa una alternativa en el camino de "recrear la cultura del trabajo", por el contrario es la continuación de un modelo que desde hace 10 años demuestra que el capitalismo funciona en sus zonas periféricas con un 20 % de exclusión social, y que puede reproducirse tranquilamente sin necesidad de incluir a ese 20 % en el circuito productivo.

     Cuando uno habla de exclusión social parecería que está hablando de una entelequia. Y sin embargo es una triste y pura realidad. A los que no somos excluidos del sistema desde nuestro nacimiento nos cuesta muchísimo entender las condiciones de la exclusión social. No medimos cómo el sistema capitalista condena a muchos chicos en las villas a vivir de la limosna desde muy temprano, sin darles educación, y menos aún trabajo cuando crezcan. Los encierra en una marginalidad de la cual no se sale, o se sale siendo delincuente empleado por la policía, o entrando a ser "tropa" de algún puntero político. Los excluidos de este sistema son la demostración mas clara de que "la igualdad de oportunidades" entre todas las personas, principio del capitalismo volcado también a las constituciones nacionales escritas en el siglo XIX, es una mentira grande como nuestra deuda externa (digo la deuda, por lo grande y por lo mentirosa).

     Entonces: por qué le vamos le echamos la culpa a los piqueteros. Si son excluidos del sistema (sino todos, por lo menos una parte importante) que cobran un seguro de desempleo de 150 $ igual de miserable que los sueldos y las jubilaciones, y como algunos no se resignan a vivir en la miseria se movilizan para pedir un boleto de 20 centavos, o un aguinaldo de 50 pesos, o que se use la plata que pagamos al FMI para generar trabajo en este país. Ellos son parte de los millones que estamos ubicados en el enorme lado pobre del sistema capitalista. Y se quejan y protestan ante tanta injusticia. Será justamente porque se movilizan y se quejan que consiguen algunas pocas concesiones como pagar 20 centavos un subte.

     Es verdad, sus métodos de lucha perjudican a gran parte de los trabajadores de las ciudades. Pero así es como consiguen que los escuchen. El cacerolazo que la carta propuso el 25 de Febrero para que de una vez por todas se escuche a la clase media afectada por los cortes (a los "giles" dice la carta) es un método de reclamo utilizado por la clase media. Los piqueteros no cacerolean pero cortan calles, y así es como se manifiestan para poder ser escuchados.

     La bronca que la carta termina descargando sobre los piqueteros luego de haber enumerado los robos que los capitalistas perpetuaron refleja un poco la confusión, o la suma de ideas contradictorias en el pensamiento de la clase media argentina. Sigo pensando en que este sector de la sociedad ha comprado a ciegas el discurso de la reactivación y el crecimiento, y que hoy ya no tolera los reclamos del sector excluido que del crecimiento se enteró solo por los diarios. Es obvio que así como antes señalaba la dificultad que muchas veces tenemos para comprender en toda su dimensión la exclusión social, la clase media observa con igual confusión la ausencia de su mentalidad y de su formación entre los excluidos: no entiende cómo no trabajan, cómo no pagan con los impuestos, cómo no manifiestan deseos de ascender socialmente, cómo gastan la plata y no ahorran, etc. En ese sentido, creo que la barrera cultural entre clases también hace su parte.

     Pero no quería terminar sin destacar un punto más. La década del 90 impulsó un modelo económico en el cual por algunos años una parte de la clase media vio cristalizado su sueño de ascender socialmente. Los años en que se iba a Miami con facilidad fueron tiempos fugaces, una pequeña época de oro para la clase media, que durante ese tiempo no se privó de mostrar en público sus progresos económicos. El tema es, como bien alguien dijo no se cuando, que "mientras algunos se iban a Miami, otros se iban al carajo". Y esos que se fueron yendo al carajo a lo largo de estos años hoy tienen la posibilidad de organizarse para ser escuchados, y mostrar en público su pobreza y su marginalidad. Entonces si hay sectores sociales que muestran o mostraron en público su riqueza, por qué no toleran que otros grupos les muestren su miseria producto de esos dorados años. ¿O acaso la miseria de hoy no muestra el lado real de la ficción del menemismo? Lamentablemente hoy todos los argentinos estamos ante un gobierno que vive de la ficción, que nos vende un país que no lo es. Pero como ahora la clase media no ve las consecuencias de esta ficción pos-devaluación volverá a viajar por ahí y a mostrar la recuperación en público. Mientras, el sistema seguirá mandando pibes al carajo y la marginalidad, y ellos serán los que nos mostrarán dentro de un tiempo la barbarie del capitalismo. Ojalá que lo hagan ocupando las calles, mostrándoles a todos que ellos también son personas, aunque hoy estén ocultos en el anonimato de las estadísticas. Ojalá que lo hagan, así tal vez muchos comprendan las consecuencias de reproducir un sistema inhumano.



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